Nunca es fácil cuando vemos el momento en el que los más pequeños van creciendo, van tomando responsabilidades y van entendiendo que la magia a veces no siempre es tan mágica como ellos creían…

A determinada edad muchos factores hacen que uno pierda la “ilusión” en muchas cosas y llega el momento de ser sinceros y afrontar temas como el del Ratoncito Pérez. La mejor opción es siempre ser sinceros y claros y afrontar esas “verdades” de la manera menos traumática posible.

Como ya comentamos en otro post acerca de la leyenda del Ratoncito Pérez, podemos recordarle o contarle directamente como surgió este personaje histórico y hacerle entender que todo viene de un cuento para hacer más agradable lo que era algo “traumático” para los más pequeños: La pérdida de los dientes de leche

Aunque el pequeño se pueda enfadar, hay que ser claros y hacerle entender, resolviendo siempre cualquier duda que pueda tener. Por ello, hay que tener en cuenta la edad del pequeño, su carácter, su entorno, familiares o padres de amigos y las recomendaciones del profesor que harán que pueda estar más acompañado y controlar así también su comportamiento.

No hay edad para tomar esa decisión, para contarle la verdad,, pero sí es recomendable que no sea demasiado pequeño, ya que a los 6, 7, 8 años, los niños aún viven en una inocencia, ternura, dulzura… y no están preparados para aceptar determinadas cosas. A cada edad le corresponde una etapa que se debe respetar.

Paciencia, comunicación y mucho amor… la unión y la confianza entre padres e hijos siempre será el mejor camino para el desarrollo vital del pequeño.