Hoy tratamos uno de los temas que más nos preguntan pacientes y padres de niños que se ven afectado por esta dolencia, por lo que nos lo explicará nuestra odontopediatra, Alma Esteras.

¿Qué es el bruxismo?

El bruxismo se define como una parafunción donde la mandíbula realiza movimientos no funcionales durante el día y/o noche de forma voluntaria o involutaria.

En estos movimientos siempre están involucrados los dientes, que se ponen en contacto con sus antagonistas produciendo un apretamiento o rechinamiento característicos, aumentado la abrasión en el caso de la dentición temporal.

En el niño no hay dolor articular, ni problemas musculares porque la musculatura aún está inmadura; pero sí presentan desgastes dentales.

Existen 2 tipos de bruxismo:

1/ céntrico (apretar los dientes)

2/ excéntrico (rechinar los dientes)

Ambas por actividad no funcional de los musculos elevadores de la mandíbula.

Puede aparecer en la dentición decidúa, pero donde tienen la máxima incidencia es en la dentición mixta causada por el recambio dentario, donde no tienen una estabilidad en la oclusión; luego desciende con la edad.

Por lo tanto se sugiere que en niños entre 7-10 años el bruxismo está relacionado con  interferencias oclusales producidas por la erupción de los dientes permanentes y por la falta de protección cuspidea que ocurre en períodos de recambio dentario.

La sintomatología y las repercusiones van a depender de la resistencia de cada una de las estructuras involucradas y de la duración, frecuencia e intesidad de la actividad bruxista. El desgaste dentario por sí solo no implica la presencia de bruxismo, así como tampoco la cefalea, el dolor muscular o ruidos articulares.

La posibles etiologías son factores hereditarios, interferencias oclusales(por el recambio dentario), maloclusiones, alergias, infecciones por oxiuros (gusanos), estrés o ansiedad, factores relacionados con el sueño (sonambulismo, terrores nocturnos)

El tratamiento más indicado es educación en los hábitos de los niños, ejercicios de relajación muscular, placas de descarga oclusales (en casos excepcionales), eliminar restauraciones y tratamiento ortodóncico. Aunque el tratamiento de primera elección para el bruxismo en niños debe comenzar por una información y educación a los padres y al niño.

Hay que tener en cuenta los factores psicológicos a la hora de afrontar el tratamiento en niños, el nerviosismo, la irritabilidad y las situaciones de tensión pueden aclarar la presentación de este cuadro e iniciar la terapia pertinente.